Escrito por: Esteban Gómez // No Comments

Las subastas han tenido mucho éxito en Internet. Desde hace ya unos años podemos comprar y vender cualquier cosa tanto nueva como de segunda mano. El sistema es simple, el ofertante pone el producto que desea vender a un precio mínimo, el intervalo de las pujas y una fecha tope en que la subasta quedará cerrada. El producto ofertado será adquirido por el mejor postor. Existen variantes pero el principio es el mismo.

La diferencia más importante con las subastas del mundo físico, aparte de obviamente la cantidad de ofertantes y de compradores, es que éstas suelen ser de objetos más bien únicos y costosos (arte, coches clásicos, …), en cambio en Internet se puede encontrar cualquier cosa, desde unos zapatos usados hasta un avión jet.

Así pues, podemos poner en venta por Internet todo aquello que no usamos: Ropa que ya no nos vamos a poner, teléfonos móviles, ordenadores, libros y por supuesto cualquier objeto de colección como sellos, llaveros o pins.

Cuando deseemos adquirir algún objeto, escogeremos de preferencia a un vendedor que esté calificado con una buena puntuación y tenga opiniones favorables. Las puntuaciones y las opiniones son emitidas por otros compradores. Así, si quedamos satisfechos con una compra puntuaremos positivamente al vendedor y viceversa. También tendremos muy en cuenta la antigüedad, los métodos de pago que acepta y la zona geográfica, puesto que los gastos de envío pueden llegar a ser más caros que el mismo objeto que hemos adquirido. Seremos cautos con los vendedores poco serios y los timadores más o menos profesionales que pululan por los mundos de las subastas.

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